De la narración de otra historia vacacional:
Una de las mejores cosas de estar en Venezuela durante diciembre es la oportunidad que tenemos de disfrutar unos buenos días de playa, mientras acá en Barcelona se presenta un frío de pocos grados en la escala de Celsius.
Sabrinilla no fue la excepción y disfrutó al máximo de sus días en la playa, jugaba en su piscinita, se metiá en el mar como si fuera la bañera de la casa, agarraba la arena y trataba de explorarla para saber como usarla y qué era, correteaba por la orilla de la playa, y era la atracción de todos los que estábamos con ella, cada uno se pelaba por jugar un ratico con ella en la arena.
A la hora de la comida, que para sabrina es el momento más importante del día, llegaron los tequeños. Cuando uno está en la playa, las comidas más prácticas son las que generalmente se llevan, ya que no hay mucha preparación involucrada. La comida que habíamos llevado no sabíamos que tanto le gustaría a sabrinilla, pero como ella come de todo, estábamos seguros de que no tendríamos problemas por ese lado.
Le dimos a sabrinilla su primer tequeño, y parecía que le gustó mucho, se lo comió rapidísimo y lloraba para que le dieran otro y quería tener uno en cada mano para poder comer un bocado de cada uno. Comía sentada en el regazo de Andreína cuando en uno de esos mordisquitos se le cayó un pedazo de tequeño de la boca, el cual fue atajado rápidamente por andreína antes de caer en la arena, como sabrina tenía las dos manos ocupadas (un tequeño en cada una) se inclinó hacia adelante y dirigió su pequeña boca hacia la mano de andreína para recuperar el pedazo de tequeño perdido... parecía que nunca hubiera comido, imagino que le gustaban demasiado los tequeños!
Puede que tuviera miedo de que se acabaran y por eso comía rápido para que le dieran otro, y de repente cuando vió que más nadie tenía tequeños y a ella aún le quedaba, se bajó de la silla y empezó a caminar por la orilla de la playa... (será que no quería que se los quitaran???).
Caminaba, jugaba, se sentaba en la arena... todo mientras mantenia sus tequeños entre sus pequeñas manos. En uno de esos movimientos, el tequeño inevitablamente cayó sobre la arena y se llenó de granitos de la misma, a sabrina no pareció importarle mucho y siguió devorando los populares pasapalos. Se los comía y parecía saborearlos más que nunca con arena y todo, como que le gustaba el dip de arena que había descubierto por casualidad para acompañar sus tequeños.
Seguía comiendo sus tequeños embadurnados en su recién descubierto dip de arena, cuando se mete en su piscinita, movimiento durante el cual un pedazo de tequeño que aún conservaba, cae accidentalmente en el agua salada que llenaba la piscina inflable. No pierde mucho tiempo nuestra bebé en recuperar el pedazo perdido y meterlo directamente a la boca, masticarlo y terminar por comérselo.
Parece que no solamente le gustan los tequeños recubiertos de arena, sino también cuando están mojados en agua salada!
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