
La gran mayoría de la gente que conoce a la pequeña sabrinilla sabe cuan fanática es nuestra bebé de la comida, y para nuestros lectores que aún desconozcan esta inclinación que ha demostrado manzanilla desde muy pequeña, pues esta historia puede servir para arraigar entre nuestro público esta realidad, que no sólo está presente ahora, sino que por los vientos que soplan, seguirá siendo una realidad a lo largo de la vida de sabrinilla.
No sólo le gusta comer mucho, hasta el punto de llorar cuando se le acaba la comida, aún cuando ya está satisfecha, sino que también le gusta comer de todo, desde galleticas, frutas, cereales, sopas, hasta alimentos un poco más consistentes como arroz, pollo, arepa con queso crema y pavo, entre otras exquisiteces. Sin mencionar el toddy y su tetero de leche que son sus bebidas favoritas.
En estos días estábamos sentados en la mesa desayunando, era una mañana normal, cada quien con su comida en su plato: Andreína y yo con nuestras arepas transitorias, mientras las demás esperaban en la bandeja, ya listas para ser comidas, y nuestro pequeño retoño con su masita de arepa hecha con trocitos de jamón de pavo y cheez whiz, cabe acotar que el plato de sabrina es el primero que debe estar listo y el primero que debe llegar a la mesa incluso antes de que nosotros nos sentemos, de lo contrario nuestra pequeña manifiesta su descontento mediante sus característicos gritos de "falta de comida".
Comiamos mientras contemplábamos a nuestra pequeña llevando sus pequeñas manitos al plato, agarrando pedazos aleatorios de la mezcla de masa y llevándoselos a la boca. Una vez terminada la comida, la del plato de sabrina, nuestra pequeña inicia la parte final de su desayuno: asegurarse de que nada queda en el plato. Esta acción se basa principalmente en una técnica que ha ido depurando la pequeña sabrinilla a lo largo de su corta vida como infante comedor de comida para grande, dicha técnica consiste en arrastrar su pequeño dedo índice sobre toda la superficie del plato para "raspar" cualquier resto perdido de masa que haya quedado en el plato.
Luego de "raspar" en varias ocasiones el plato se da cuenta de que, en efecto, ya se acabó la comida y es cuando empieza a levantar la mirada hacia nosotros (durante toda la comida, ni se había molestado en asegurarse de que siguiésemos allí). Hace diversos gestos y al ver que no obtiene respuesta positiva de nuestra parte (ya no hay más comida) empieza a inspeccionar el plato más detalladamente y con cara de circunspección; una vez hasta lo lamió, pasándole la lengua a una buena parte de la superficie del plato, para asegurarse de tomar hasta los posibles restos adheridos a la misma y que no pudo quitar con su dedo.
Luego de analizar el plato por encima detalladamente decide levantarlo por uno de los extremos, dejando el plato perpendicular a la mesa y paralelo a su rostro, con la parte de abajo del plato dirigida hacia su carita. Se da cuenta de que abajo del plato tampoco hay más comida y nos proporciona otra mirada tierna y buscadora de misericordia, como diciendo: "¿De verdad ya se me acabó?"