Desde muy pequeña a sabrinilla le encantaba, y le producía mucha curiosidad, verse en el espejo. Al principio, cuando se empezaba a ver, creemos que todavía no era capaz de reconocerse y de saber que un espejo era un objeto capaz de reflejar las cosas y personas que se le colocaran enfrente.
Cada día que transcurría, apenas tenía una posibilidad, sabrinilla se veía en el espejo, y se reía porque le causaba gracia el bebé que veía. En algunas ocasiones inclusive, el espejo nos sirvió como consolador de llantos y manzanilla se quedaba tranquila al ver las imágenes que reflejaba este extraño objeto.
Pasado un tiempo ya nuestra pequeña empezaba a reconocerse y a darse cuenta de que el espejo reflejaba las cosas, por ejemplo, si ella estaba asomada al espejo y nos acercábamos por detrás sin hacer ruido, ella ya sabía que estábamos detrás de ella y volteaba a vernos cuando veía nuestra imagen dibujada detrás de la suya en el espejo.
Mientras ella desarrollaba este gusto había ocasiones en las intentábamos vestirla colocándole objetos en la cabeza, como lazos, gorros, cintillos, la capucha de un suéter. Esfuerzos hechos en vano ya que a los pocos segundos de sentir la presencia de algún objeto extraño sobre su cabecita, sabrinilla inmediatamente subía sus bracitos y se quitaba lo que le molestaba en la cabeza.
Un buen día a nuestra bebé se le ocurrió que era divertido agarrar objetos con ambas manos y subirlos hacia su cabeza y hacia atrás de la misma hasta que el objeto agarrado se encontraba detrás de su nuca. Esto lo hacía con libros, muñecos, plásticos, y hasta con la tapa de su cajita de juguetes; este comportamiento pasó a ser recurrente entre su repertorio de juegos y costumbres.
En uno de esos juegos se encontró por casualidad uno de sus cintillos tejidos y le pareció gracioso llevárselo a la cabeza, ya empezaba a gustarle tener cosas en la cabeza.... Se colocaba su cintillo en repetidas ocasiones hasta que descubrió que si se ponía el cintillo y se veía en el espejo era capaz de ver el cintillo en su cabeza, y parece que le agradó la imagen...
Ahora muy a menudo recoge el cintillo cuando lo encuentra y sea donde sea que se encuentre va corriendo a su espejo con el cintillo en la cabeza para verse en él y disfrutar de lo linda que se ve.
Cómo habrá aprendido a verse en el espejo para saber cómo le queda el cintillo? Seguramente nos habrá visto haciendo eso en varias ocasiones y lo habrá repetido. En verdad no importa cómo lo aprendió, pero es demasiado lindo ver como se coloca su cintillo y va caminando hasta el espejo a verse en él.
Thursday, 25 October 2007
Monday, 22 October 2007
compartiendo mis riquezas
No es extraño que a un bebé de un año le encante su chupón y lo considere una de sus pertenencias más preciadas; y nuestra pequeña sabrinilla no es una excepción a este comportamiento egoísta muy común entre los niños pequeños.
Cada vez que Sabrina busca consuelo al llanto, como por ejemplo cuando se cae, cuando pierde algo, cuando le quitamos algún objeto prohibido, o hasta cuando se le acaba la comida, el gran chupón es nuestro salvador incondicional. Nos ayuda a calmar a nuestra pequeña y a darle, junto con un abrazo o alguna señal de cariño, el consuelo y tranquilidad que tanto anhelan los niños cuando se sienten solos y desamparados.
Hasta ahora no hemos tenido una señal clara por parte de nuestra hija de que sea una niña egoísta, ya que aunque cuando está jugando con algo no le gusta que se lo quiten, cuando no está usando sus cosas nunca se ha puesto de mal humor o ha cambiado de actitud al ver que alguna otra persona agarra alguna de sus pertenencias. Aunque no sé hasta que punto sea posible discernir acerca del egoísmo de un bebé a esta tierna edad.
A pesar de ello, siempre ha estado como sobreentendido que el chupón, el tetero, y hasta su platico de comer, son como objetos personales sagrados para ella, o al menos siempre lo hemos creído así.
Un día, estando juntos en la sala, sabrinilla se quita el chupón de la boca y extiende su pequeño bracito hacia mi boca como queriendo ponérmelo. Yo respondo a su gesto abriendo la boca y recibiendo su regalo. Cuando ve que empiezo a chuparlo sabrinilla se ríe e intenta quitármelo, lo cual dejo que ocurra, solo para ver como se lo vuelve a meter en su boquita.
Pasados unos segundos, y viendo que le gusta el juego, se vuelve a retirar el chupón de su pequeña boca y se lo ofrece a su mamá. Andreína abre su boca y recibe el preciado objeto.
Pasan varios minutos durante los que nuestra bebé, jugando y riéndose con nosotros, nos hace entender que le encanta compartir sus riquezas con sus padres, y le alegra poder hacerlo.
Ahora cada vez que abro la boca y le digo: "Sabrina, chupón", mi bella hija se sonríe y me ofrece su pertenencia más preciada.
Cada vez que Sabrina busca consuelo al llanto, como por ejemplo cuando se cae, cuando pierde algo, cuando le quitamos algún objeto prohibido, o hasta cuando se le acaba la comida, el gran chupón es nuestro salvador incondicional. Nos ayuda a calmar a nuestra pequeña y a darle, junto con un abrazo o alguna señal de cariño, el consuelo y tranquilidad que tanto anhelan los niños cuando se sienten solos y desamparados.
Hasta ahora no hemos tenido una señal clara por parte de nuestra hija de que sea una niña egoísta, ya que aunque cuando está jugando con algo no le gusta que se lo quiten, cuando no está usando sus cosas nunca se ha puesto de mal humor o ha cambiado de actitud al ver que alguna otra persona agarra alguna de sus pertenencias. Aunque no sé hasta que punto sea posible discernir acerca del egoísmo de un bebé a esta tierna edad.
A pesar de ello, siempre ha estado como sobreentendido que el chupón, el tetero, y hasta su platico de comer, son como objetos personales sagrados para ella, o al menos siempre lo hemos creído así.
Un día, estando juntos en la sala, sabrinilla se quita el chupón de la boca y extiende su pequeño bracito hacia mi boca como queriendo ponérmelo. Yo respondo a su gesto abriendo la boca y recibiendo su regalo. Cuando ve que empiezo a chuparlo sabrinilla se ríe e intenta quitármelo, lo cual dejo que ocurra, solo para ver como se lo vuelve a meter en su boquita.
Pasados unos segundos, y viendo que le gusta el juego, se vuelve a retirar el chupón de su pequeña boca y se lo ofrece a su mamá. Andreína abre su boca y recibe el preciado objeto.
Pasan varios minutos durante los que nuestra bebé, jugando y riéndose con nosotros, nos hace entender que le encanta compartir sus riquezas con sus padres, y le alegra poder hacerlo.
Ahora cada vez que abro la boca y le digo: "Sabrina, chupón", mi bella hija se sonríe y me ofrece su pertenencia más preciada.
Tuesday, 16 October 2007
dónde esta sabrina??? (peek-a-boo)
Entre muchos de los juegos que nos gusta jugar con nuestra sabrinilla está el de escondernos (o taparnos el rostro) preguntando a la vez: "dónde está Sabrina?", para luego reaparecer y decirle al verla "aquí está!!!".
Un buen día, de vuelta a casa en el autobús, manzanilla me agarra la gorra, y quitándomela totalmente de la cabeza se la pone sobre la cara y se la quita. Repitiendo este movimiento varias veces, nos damos cuenta de que quiere jugar a nuestro juego habitual "dónde está Sabrina???" así que nos metemos en el juego y cada vez que se coloca la gorra sobre el rostros repetimos la pregunta y cuando se la quita repetimos la respuesta, a lo cual nuestra bella bebé respondía con una sonrisa y en ocasiones hasta con una carcajada. Nos sentimos demasiado felices de que nuestra bebé aprende tantas cosas y tan rápido y este juego era una de ellas.
Su pequeño cerebrito parece una esponjita deseosa de aprender cosas nuevas y de hacer cosas nuevas.
Al pasar de los días, llego a casa luego de un día de trabajo y Andreína me dice "ven aca para que veas algo", nos acercamos a donde está sabrinilla jugando y Andreína le dice "dónde está Sabrina???", a lo cual ella reacciona llevándose las manitas a la cara para taparse sus ojitos y súbitamente se vuelve a descubrir los ojos cuando nosotros decimos "aquí está!!!!", y ella se ríe con nosotros.
Ese día en la guardería sabrinilla había aprendido a ocultar sus ojos con sus manos y había asociado tal acción a nuestro juego de peek-a-boo con la gorra.
Ahora cada vez que le preguntamos "dónde está Sabrina???" ella lleva sus manitos a su carita y nos busca con la mirada para que juguemos juntos... es lo más tierno.
Nuestra pequeña es capaz de hacernos sentir la más linda ternura que hemos experimentado.
Un buen día, de vuelta a casa en el autobús, manzanilla me agarra la gorra, y quitándomela totalmente de la cabeza se la pone sobre la cara y se la quita. Repitiendo este movimiento varias veces, nos damos cuenta de que quiere jugar a nuestro juego habitual "dónde está Sabrina???" así que nos metemos en el juego y cada vez que se coloca la gorra sobre el rostros repetimos la pregunta y cuando se la quita repetimos la respuesta, a lo cual nuestra bella bebé respondía con una sonrisa y en ocasiones hasta con una carcajada. Nos sentimos demasiado felices de que nuestra bebé aprende tantas cosas y tan rápido y este juego era una de ellas.
Su pequeño cerebrito parece una esponjita deseosa de aprender cosas nuevas y de hacer cosas nuevas.
Al pasar de los días, llego a casa luego de un día de trabajo y Andreína me dice "ven aca para que veas algo", nos acercamos a donde está sabrinilla jugando y Andreína le dice "dónde está Sabrina???", a lo cual ella reacciona llevándose las manitas a la cara para taparse sus ojitos y súbitamente se vuelve a descubrir los ojos cuando nosotros decimos "aquí está!!!!", y ella se ríe con nosotros.
Ese día en la guardería sabrinilla había aprendido a ocultar sus ojos con sus manos y había asociado tal acción a nuestro juego de peek-a-boo con la gorra.
Ahora cada vez que le preguntamos "dónde está Sabrina???" ella lleva sus manitos a su carita y nos busca con la mirada para que juguemos juntos... es lo más tierno.
Nuestra pequeña es capaz de hacernos sentir la más linda ternura que hemos experimentado.
la vuelta y algo más....
Luego de casi un mes de ausencia, pedimos disculpas a nuestros fieles lectores a quienes les entusiasma y agrada poder tener algo que leer sobre nuestra protagonista, por pequeña que sea la historia o anécdota que se esté presentando. Y es que entre viajes, visitas, ajetreos, y enfermedades se nos han ido estas semanas volando. Días entre los cuales ha transcurrido para Sabrina uno de los días más importantes en la corta vida de un bebé, la celebración de su primer año de vida.
Así como lo oyen, nuestra querida sabrinilla ya tiene un año! Qué rápido pasa el tiempo... pero bueno, esto es noticia vieja, porque todos los lectores de esta bitácora, como buenos fans de nuestra bebé, ya saben y requete-saben que nuestra bebé se está haciendo grande.
Es por ello que, dejando ya de lado las celebraciones de días pasados, entraremos directamente en el relato que nos atañe... cómo fue ese día tan especial.
Nos dimos cuenta de que nuestra pequeña hija fue objeto de mucho cariño y dedicación cuando al llegar el momento de celebrar su primer cumpleaños, nos percatamos de que toda su fiesta estaba decorada con un sin fin de objetos con los personajes de sus cuentos favoritos, los habitantes del jardín trasero, o en versión original "the backyardigans". Ella estaba muy feliz y alegre con todo esto, o por lo menos se reía y eso nos hacía creer... aunque con el pasar del tiempo, el humor de nuestra bebé fue desmejorando.
Sabrinilla no sabía a quién mirar y a donde ir, con tanta gente reunida, y aunque muy centrada en comerse su samba (con papel y todo) no nos dejó de demostrar su característica y auténtica personalidad en cada cosa que hacía.
Andreína la había vestido preciosa para ese día tan especial (con un vestido que había yo intentado ponerselo semanas atrás, pero que había recibido un regaño porque "tenía que estrenarselo el día del cumpleaños"), un vestidito de florecitas con carterita y todo, creo que la primera cartera que le poníamos, y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que a nuestra babanilla no le gustan mucho las carteras... queríamos sacarle una foto con la cartera pero ella se la arrancaba del brazo con rabia y llorando... así que la dejamos con su samba envuelta y en paz.
Luego sabrinilla con todos sus primitos nuevos (que no los conocía sino hasta entonces) tumbó una piñatica que habíamos preparado, y aunque no lloró mucho, tampoco se sonreía, pero siempre era el alma de la fiesta y se la pasaba bien con todo el que quería tenerla en brazos, aunque lo que más quería era caminar.
Mientras caminaba por la casa entre la gente, una maraña de globos revoloteaban por el ambiente porque los niños se los lanzaban unos a otros, y fue cuando nuestra atención fue atraída por cierta peculiaridad, sabrinilla había empezado a llorar porque le tenía miedo a los globos. Así que otra cosa menos para las próximas fiestas ;).
Al cantar el cumpleaños, manzanilla se quería lanzar sobre la torta desde los pies y hasta la cabeza, algo tal vez normal para un bebé de su edad, pero en especial quería agarrar la vela porque tenía esculpido el rostro de su personaje favorito (Pablo), un pinguino azul. Pudimos evitar que se llenara de torta pero no de que se comiera un chocolatico de los que había en la piñata.
Después de un rato, cansada de tanto ajetreo, se fue a dormir antes de que se fuera el primero de sus invitados, y a pesar del escándalo afuera, siguió durmiendo hasta el día siguiente... y así fue como sabrinilla pasó su primer cumpleaños con su familia.
Queremos agradecer a todos los que hicieron posible esta fiesta, y esperamos que les haya encantado a todos tanto como a nosotros. Gracias!
Así como lo oyen, nuestra querida sabrinilla ya tiene un año! Qué rápido pasa el tiempo... pero bueno, esto es noticia vieja, porque todos los lectores de esta bitácora, como buenos fans de nuestra bebé, ya saben y requete-saben que nuestra bebé se está haciendo grande.
Es por ello que, dejando ya de lado las celebraciones de días pasados, entraremos directamente en el relato que nos atañe... cómo fue ese día tan especial.
Nos dimos cuenta de que nuestra pequeña hija fue objeto de mucho cariño y dedicación cuando al llegar el momento de celebrar su primer cumpleaños, nos percatamos de que toda su fiesta estaba decorada con un sin fin de objetos con los personajes de sus cuentos favoritos, los habitantes del jardín trasero, o en versión original "the backyardigans". Ella estaba muy feliz y alegre con todo esto, o por lo menos se reía y eso nos hacía creer... aunque con el pasar del tiempo, el humor de nuestra bebé fue desmejorando.
Sabrinilla no sabía a quién mirar y a donde ir, con tanta gente reunida, y aunque muy centrada en comerse su samba (con papel y todo) no nos dejó de demostrar su característica y auténtica personalidad en cada cosa que hacía.
Andreína la había vestido preciosa para ese día tan especial (con un vestido que había yo intentado ponerselo semanas atrás, pero que había recibido un regaño porque "tenía que estrenarselo el día del cumpleaños"), un vestidito de florecitas con carterita y todo, creo que la primera cartera que le poníamos, y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que a nuestra babanilla no le gustan mucho las carteras... queríamos sacarle una foto con la cartera pero ella se la arrancaba del brazo con rabia y llorando... así que la dejamos con su samba envuelta y en paz.
Luego sabrinilla con todos sus primitos nuevos (que no los conocía sino hasta entonces) tumbó una piñatica que habíamos preparado, y aunque no lloró mucho, tampoco se sonreía, pero siempre era el alma de la fiesta y se la pasaba bien con todo el que quería tenerla en brazos, aunque lo que más quería era caminar.
Mientras caminaba por la casa entre la gente, una maraña de globos revoloteaban por el ambiente porque los niños se los lanzaban unos a otros, y fue cuando nuestra atención fue atraída por cierta peculiaridad, sabrinilla había empezado a llorar porque le tenía miedo a los globos. Así que otra cosa menos para las próximas fiestas ;).
Al cantar el cumpleaños, manzanilla se quería lanzar sobre la torta desde los pies y hasta la cabeza, algo tal vez normal para un bebé de su edad, pero en especial quería agarrar la vela porque tenía esculpido el rostro de su personaje favorito (Pablo), un pinguino azul. Pudimos evitar que se llenara de torta pero no de que se comiera un chocolatico de los que había en la piñata.
Después de un rato, cansada de tanto ajetreo, se fue a dormir antes de que se fuera el primero de sus invitados, y a pesar del escándalo afuera, siguió durmiendo hasta el día siguiente... y así fue como sabrinilla pasó su primer cumpleaños con su familia.
Queremos agradecer a todos los que hicieron posible esta fiesta, y esperamos que les haya encantado a todos tanto como a nosotros. Gracias!
Wednesday, 19 September 2007
epidemia
La maestra de Sabrina en la guardería relataba con detalle las andanzas de nuestra pequeña durante uno de sus días de juego y tremenduras. Entre las muchas historias que tenía para compartir con nosotros, nos llamó mucho la atención una que desde el punto de vista que se mire puede ser trágica o cómica.... Cómica para nosotros porque la oíamos y lo imaginábamos, trágica a lo mejor para la maestra, porque eran demasiados niños. Compartimos aquí con ustedes esta historia:
A diferencia de las buenas y largas horas de sueño de las que sabrinilla disfruta durante sus siestas en la casa, parece que en la guardería en cambio, no le saca el provecho necesario a la hora de dormir (en la guardería les dan a los niños un par de horas de sueño en horas del mediodía).
Luego de las actividades matutinas, y de la comida, las maestras preparan el salón para entregar a los pequeños a los brazos de Morfeo. Despejan el suelo del salón y ponen las colchonetas en el suelo, en la que cada niño durante las siguientes dos horas (si la suerte acompaña a las maestras), gozará de una placentera siesta.
Manzanilla se acuesta como los demás bebés, con su muñequita al lado, y se pone a dormir. Hasta este momento todo parece trasncurrir con la mayor tranquilidad y normalidad posible. Pasada una media hora, cuando los niños apenas llevan 1/4 de siesta, sabrinilla abre sus ojitos y se da cuenta de que todavía está en la guardería, y es cuando empieza a "chillar" (palabra extraída textualmente de la narración de la maestra).
Así de la nada, de improviso, cuando las maestras creían que todo era paz y tranquilidad y se creían dueñas de sus merecidas horas de descanso, nuestra bebé empieza a llorar a moco tendido, o extendido, e inevitablemente disturba el sueño de sus vecinitos. No sólo los despierta, sino que al darse cuenta de que una de sus compañeras de clase (sabrinilla) se ha desatado en llanto, varios deciden unirsele, y ahora son más los que lloran.
Lo que parecía un momento de paz y tranquilidad se transformó subitamente en un concierto de llanto, un collage de lágrimas. Uno a uno fueron cayendo todos los bebés, como piezas de domino, en el llanto dirigido por nuestra pequeña. Era una trágica situación para la maestras que no hallaban que hacer para calmar el llanto de tantos niños, mientras que para nosotros todo fue risas y una imagen difusa de lo que puede significar tener a una decena de niños llorando al unísono en la misma habitación.
Aparentemente no sólo se contagian las enfermedades... de hecho, lo que más rápido se propaga entre los niños de esta guardería al parecer es el llanto!
A diferencia de las buenas y largas horas de sueño de las que sabrinilla disfruta durante sus siestas en la casa, parece que en la guardería en cambio, no le saca el provecho necesario a la hora de dormir (en la guardería les dan a los niños un par de horas de sueño en horas del mediodía).
Luego de las actividades matutinas, y de la comida, las maestras preparan el salón para entregar a los pequeños a los brazos de Morfeo. Despejan el suelo del salón y ponen las colchonetas en el suelo, en la que cada niño durante las siguientes dos horas (si la suerte acompaña a las maestras), gozará de una placentera siesta.
Manzanilla se acuesta como los demás bebés, con su muñequita al lado, y se pone a dormir. Hasta este momento todo parece trasncurrir con la mayor tranquilidad y normalidad posible. Pasada una media hora, cuando los niños apenas llevan 1/4 de siesta, sabrinilla abre sus ojitos y se da cuenta de que todavía está en la guardería, y es cuando empieza a "chillar" (palabra extraída textualmente de la narración de la maestra).
Así de la nada, de improviso, cuando las maestras creían que todo era paz y tranquilidad y se creían dueñas de sus merecidas horas de descanso, nuestra bebé empieza a llorar a moco tendido, o extendido, e inevitablemente disturba el sueño de sus vecinitos. No sólo los despierta, sino que al darse cuenta de que una de sus compañeras de clase (sabrinilla) se ha desatado en llanto, varios deciden unirsele, y ahora son más los que lloran.
Lo que parecía un momento de paz y tranquilidad se transformó subitamente en un concierto de llanto, un collage de lágrimas. Uno a uno fueron cayendo todos los bebés, como piezas de domino, en el llanto dirigido por nuestra pequeña. Era una trágica situación para la maestras que no hallaban que hacer para calmar el llanto de tantos niños, mientras que para nosotros todo fue risas y una imagen difusa de lo que puede significar tener a una decena de niños llorando al unísono en la misma habitación.
Aparentemente no sólo se contagian las enfermedades... de hecho, lo que más rápido se propaga entre los niños de esta guardería al parecer es el llanto!
Wednesday, 12 September 2007
cuanta sed...
El tetero es un instrumento generador de emociones incontrolables: llantos, sonrisas, una que otra morisqueta, gestos de aprobación o desaprobación, y otras cosas más.
Cuando nuestra bebé tiene hambre y se le acerca un tetero, se le puede notar la felicidad en el rostro. Como un acto reflejo, apenas se le acerca lo suficiente el mencionado contenedor de vida, levanta sus pequeñas manitos y deja caer el chupón, no importa a dónde, ya no quiere un chupón y no le importa su paradero, concentra todas sus energías en el objeto que contiene su alimento. Sonríe, cuando no tardamos mucho en darle el tetero, y empieza a extraer el preciado líquido de una manera tan tierna que es casi imposible describir con palabras.
Por otro lado, el tetero también es capaz de generar mal humor, cuando por ejemplo, y debido a la simple física, se agota su contenido. Cuando se le acaba lo que hay dentro manzanilla piensa que el tetero está siendo malo y no quiere darle más alimento así que opta por comunicarlo de manera enérgica lanzando uno de sus característicos llantos de desespero. Está demás decir que cuando vemos que se le ha acabado el tetero y decidimos retirarlo, si no lo hacemos de una manera sutil y sin que sabrinilla se de cuenta, propiciaremos nuevamente ese comportamiento tan típico de nuestra hija cuando se le acaba la comida o cuando dejamos de dársela, ese llanto de desespero e impotencia.
Pero el tetero es interesante únicamente cuando contiene algún alimento sabroso, agradable al paladar, que sepa a algo pues. Cuando en cambio tratamos de suministrarle algo insípido como el agua, nuestra bebé rechaza el tetero enérgicamente, lo tira al suelo o lo aleja de cualquier manera como reclamando "a mi no me van a jugar burro mocho, yo quiero mi comida legal!".
Es así como nos hemos dado cuenta de que a sabrinilla no le gusta el agua, y cuando queremos que la tome, porque siempre dicen que es bueno que los bebés beban agua, debemos hacer cualquier clase de maroma para que tome aunque sea un poco. Ya sea dándosela con un pitillo, en cuyo caso sabrinilla se preocupa más por lo nuevo de la metodología de suministro, o disfranzándole el agua con algún alimento previo y dándole el tetero con agua justo después de haberle dado algo con sabor.
Un día nos fuimos a la natación (si, Sabrina ya va a natación) a jugar un ratico en el agua con los amiguitos de la clase, a distraernos un rato, y a hacer un poquito de ejercicio. Los bebés pequeños todavía no entran solos a la piscina, así que yo voy con ella y nos metemos juntos al agua.
Empieza la clase y todo parece normal, manzanilla se emociona toda, trata de jugar con los demás niñitos dándole palmadas al agua, nadamos de las distintas formas que nos dice la profesora y hacemos los juegos que se hacen en la clase: llenar unos tobitos de agua con una regadera, hundirnos un ratico para ir practicando, pegar unos animalitos hechos de papel contact a una colchoneta de piscina, entre otras divertidas actividades...
En una de las vueltas a la piscina, que llevo sabrinilla agarrada por las axilas y boca abajo para que mueva sus piecitos y manitas, noto que ella quiere meter la cabeza en el agua, y cada vez que trato de jalarla hacia arriba ella hace cada vez más fuerza encorvando la espalda para ir con la boca hacia el agua. Me doy cuenta de esta forma de que lo que está haciendo es tomándose el agua de la piscina y quiere seguir ingiriéndola. Pienso para mis adentros "pero no es que no le gustaba el agua?????" y la alejo para que no siga tomándosela, por las razones obvias.
Cuanta sed tenía sabrinilla! Será que sólo le gusta el agua cuando está sucia? o a lo mejor tenía algo de sabor? o tal vez nuestra pequeña estaba muy sedienta por lo que había jugado en el parque antes de venir a la natación....
Cuando nuestra bebé tiene hambre y se le acerca un tetero, se le puede notar la felicidad en el rostro. Como un acto reflejo, apenas se le acerca lo suficiente el mencionado contenedor de vida, levanta sus pequeñas manitos y deja caer el chupón, no importa a dónde, ya no quiere un chupón y no le importa su paradero, concentra todas sus energías en el objeto que contiene su alimento. Sonríe, cuando no tardamos mucho en darle el tetero, y empieza a extraer el preciado líquido de una manera tan tierna que es casi imposible describir con palabras.
Por otro lado, el tetero también es capaz de generar mal humor, cuando por ejemplo, y debido a la simple física, se agota su contenido. Cuando se le acaba lo que hay dentro manzanilla piensa que el tetero está siendo malo y no quiere darle más alimento así que opta por comunicarlo de manera enérgica lanzando uno de sus característicos llantos de desespero. Está demás decir que cuando vemos que se le ha acabado el tetero y decidimos retirarlo, si no lo hacemos de una manera sutil y sin que sabrinilla se de cuenta, propiciaremos nuevamente ese comportamiento tan típico de nuestra hija cuando se le acaba la comida o cuando dejamos de dársela, ese llanto de desespero e impotencia.
Pero el tetero es interesante únicamente cuando contiene algún alimento sabroso, agradable al paladar, que sepa a algo pues. Cuando en cambio tratamos de suministrarle algo insípido como el agua, nuestra bebé rechaza el tetero enérgicamente, lo tira al suelo o lo aleja de cualquier manera como reclamando "a mi no me van a jugar burro mocho, yo quiero mi comida legal!".
Es así como nos hemos dado cuenta de que a sabrinilla no le gusta el agua, y cuando queremos que la tome, porque siempre dicen que es bueno que los bebés beban agua, debemos hacer cualquier clase de maroma para que tome aunque sea un poco. Ya sea dándosela con un pitillo, en cuyo caso sabrinilla se preocupa más por lo nuevo de la metodología de suministro, o disfranzándole el agua con algún alimento previo y dándole el tetero con agua justo después de haberle dado algo con sabor.
Un día nos fuimos a la natación (si, Sabrina ya va a natación) a jugar un ratico en el agua con los amiguitos de la clase, a distraernos un rato, y a hacer un poquito de ejercicio. Los bebés pequeños todavía no entran solos a la piscina, así que yo voy con ella y nos metemos juntos al agua.
Empieza la clase y todo parece normal, manzanilla se emociona toda, trata de jugar con los demás niñitos dándole palmadas al agua, nadamos de las distintas formas que nos dice la profesora y hacemos los juegos que se hacen en la clase: llenar unos tobitos de agua con una regadera, hundirnos un ratico para ir practicando, pegar unos animalitos hechos de papel contact a una colchoneta de piscina, entre otras divertidas actividades...
En una de las vueltas a la piscina, que llevo sabrinilla agarrada por las axilas y boca abajo para que mueva sus piecitos y manitas, noto que ella quiere meter la cabeza en el agua, y cada vez que trato de jalarla hacia arriba ella hace cada vez más fuerza encorvando la espalda para ir con la boca hacia el agua. Me doy cuenta de esta forma de que lo que está haciendo es tomándose el agua de la piscina y quiere seguir ingiriéndola. Pienso para mis adentros "pero no es que no le gustaba el agua?????" y la alejo para que no siga tomándosela, por las razones obvias.
Cuanta sed tenía sabrinilla! Será que sólo le gusta el agua cuando está sucia? o a lo mejor tenía algo de sabor? o tal vez nuestra pequeña estaba muy sedienta por lo que había jugado en el parque antes de venir a la natación....
Monday, 10 September 2007
cámara de gas
Habíamos pasado un buen día paseando por la ciudad. Ya era tarde y decidimos volver a casa cuando en el camino hacia nuestro hogar nos damos cuenta de que sabrinilla se había quedado dormida en el coche. Nos desplazábamos tratando de hacer el menor ruido posible, pero pasaban carros, motos, nos montábamos en los autobuses, y Sabrina como si nada. Estaba más dormida que niño en clase de matemática.
Por fin arrivamos a nuestro domicilio y con el mayor de los cuidados, preparamos el tetero para nuestra bebé, la movemos cautelosamente hacia su cunita y le damos su cena, sin que casi se de cuenta de que la estamos trasladando a su cómoda cama.
Rezamos para que no se despierte mientras se toma su tetero luego de cerrarle la puerta del cuarto para asegurarnos que no le entrase ningún ruido, por pequeño que fuese, que pudiese disturbar su inocente y tierno sueño.
Nos quedamos un rato en la sala, hablando, pensando en el día de mañana, tomándonos algo, como dándole tiempo a nuestro pequeño retoño para terminar su cena y retomar el profundo y agradable sueño que había encontrado algunas horas atrás durante nuestras andanzas.
Por fin decidimos irnos a dormir (ya había pasado un buen rato) y apagamos todas las luces, hacemos lo que tenemos que hacer antes de ir a la cama, y nos disponemos a entrar en el cuarto, cuando de repente sentimos un olor extraño. Andreína busca mi mirada al mismo tiempo que yo la de ella, y encontramos los ojos del otro a mitad de camino, sabiendo de antemano lo que cada uno está pensando, pero sólo para hacerlo explícito decido comentarlo en palabras "Algo huele medio mal". Y Andreína me contesta "Debe ser algún pañal de manzanilla que ha quedado por ahí, que si en el baño o en algún lado". Y yo ingenuamente comento "Bueno, mañana nos encargamos de eso."
Cabe acotar en este punto de la narración que la puerta de nuestro cuarto (donde estaba durmiendo Sabrina) seguía cerrada y no había ningún canal abierto que comunicase los espacios, es decir, el cuarto estaba aislado para nuestros efectos.
Nos resignamos a que ya es tarde y decidimos dejar la labor de encontrar la fuente del mal holor para el día siguiente, cuando nos disponemos a entrar al cuarto. Apenas abro la puerta, un fuerte olor invade todos los demás espacios de la casa, me tapo la nariz con mi mano y le señalo a Andreína el interior de la habitación, diciéndole "Sabrina hizo pupú". En seguida ella hace lo propio para proteger su pituitaria, como yo había hecho segundos atrás y nos retiramos, alejándonos de las cercanías del cuarto.
Nos sentimos un poco mal por haber dejado a nuestra hija durmiendo sin habernos dado cuenta que tenía el pañal sucio (por ponerlo en términos aptos para nuestra audiencia) pero al mismo tiempo no conseguimos fuerzas para penetrar la nube de gas oloroso que emana ahora desde nuestra habitación. Nuestra tierna bebé había convertido el cuarto (y potencialmente la casa entera) en una cámara de gas.
Nos reímos un poco de la situación, haciendo los chistes pertinentes, y como padres entregados que somos entramos a ponerle remedio a la situación. "Creo que esta ha sido la más fuerte de toda su vida" le comento a Andreína mientras hacemos el esfuerzo de cambiarle el pañal y taparnos la nariz al mismo tiempo.
Por suerte para nosotros y más para nuestra pequeña hija, el cambio de pañal resultó exitoso y Sabrina siguió durmiendo casi sin percatarse de lo ocurrido. Sin embargo, pasaron unos treinta minutos antes de que pudieramos volver al cuarto a dormir, tiempo durante el cual estuve asomado con la cabeza afuera de la ventana tratando de respirar aire puro...
Por fin arrivamos a nuestro domicilio y con el mayor de los cuidados, preparamos el tetero para nuestra bebé, la movemos cautelosamente hacia su cunita y le damos su cena, sin que casi se de cuenta de que la estamos trasladando a su cómoda cama.
Rezamos para que no se despierte mientras se toma su tetero luego de cerrarle la puerta del cuarto para asegurarnos que no le entrase ningún ruido, por pequeño que fuese, que pudiese disturbar su inocente y tierno sueño.
Nos quedamos un rato en la sala, hablando, pensando en el día de mañana, tomándonos algo, como dándole tiempo a nuestro pequeño retoño para terminar su cena y retomar el profundo y agradable sueño que había encontrado algunas horas atrás durante nuestras andanzas.
Por fin decidimos irnos a dormir (ya había pasado un buen rato) y apagamos todas las luces, hacemos lo que tenemos que hacer antes de ir a la cama, y nos disponemos a entrar en el cuarto, cuando de repente sentimos un olor extraño. Andreína busca mi mirada al mismo tiempo que yo la de ella, y encontramos los ojos del otro a mitad de camino, sabiendo de antemano lo que cada uno está pensando, pero sólo para hacerlo explícito decido comentarlo en palabras "Algo huele medio mal". Y Andreína me contesta "Debe ser algún pañal de manzanilla que ha quedado por ahí, que si en el baño o en algún lado". Y yo ingenuamente comento "Bueno, mañana nos encargamos de eso."
Cabe acotar en este punto de la narración que la puerta de nuestro cuarto (donde estaba durmiendo Sabrina) seguía cerrada y no había ningún canal abierto que comunicase los espacios, es decir, el cuarto estaba aislado para nuestros efectos.
Nos resignamos a que ya es tarde y decidimos dejar la labor de encontrar la fuente del mal holor para el día siguiente, cuando nos disponemos a entrar al cuarto. Apenas abro la puerta, un fuerte olor invade todos los demás espacios de la casa, me tapo la nariz con mi mano y le señalo a Andreína el interior de la habitación, diciéndole "Sabrina hizo pupú". En seguida ella hace lo propio para proteger su pituitaria, como yo había hecho segundos atrás y nos retiramos, alejándonos de las cercanías del cuarto.
Nos sentimos un poco mal por haber dejado a nuestra hija durmiendo sin habernos dado cuenta que tenía el pañal sucio (por ponerlo en términos aptos para nuestra audiencia) pero al mismo tiempo no conseguimos fuerzas para penetrar la nube de gas oloroso que emana ahora desde nuestra habitación. Nuestra tierna bebé había convertido el cuarto (y potencialmente la casa entera) en una cámara de gas.
Nos reímos un poco de la situación, haciendo los chistes pertinentes, y como padres entregados que somos entramos a ponerle remedio a la situación. "Creo que esta ha sido la más fuerte de toda su vida" le comento a Andreína mientras hacemos el esfuerzo de cambiarle el pañal y taparnos la nariz al mismo tiempo.
Por suerte para nosotros y más para nuestra pequeña hija, el cambio de pañal resultó exitoso y Sabrina siguió durmiendo casi sin percatarse de lo ocurrido. Sin embargo, pasaron unos treinta minutos antes de que pudieramos volver al cuarto a dormir, tiempo durante el cual estuve asomado con la cabeza afuera de la ventana tratando de respirar aire puro...
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